Soy lo que fuimos ayer
Para muchos, Franco es un héroe. Casi como si de Superman se tratase, muchos jóvenes lo aclaman a diario. Puede parecer una frase exagerada, pero basta con escuchar a algunos jóvenes hoy en día: "Viva Franco", "Esto con Franco no pasaba"... Los jóvenes que no hemos vivido en dictadura poco sabemos de ella, solo aquello que nos cuentan nuestros abuelos, si hemos tenido esa suerte. Quizá por eso la memoria histórica importa tanto.
Hoy he asistido a una charla de Luis Pastor, cantautor durante la dictadura española. Esto ha tenido bastante más sentido del que yo esperaba.
Yo iba con la idea de escuchar música y alguna anécdota, pero he salido de allí con algo más parecido a una reflexión sobre memoria y política que sobre música.
Vídeo cedido por Raquel Elena
Luis Pastor ha narrado su vida en forma de poema. Hablaba con una gran entonación y frases que te quedan dando vueltas en la cabeza.
Vídeo cedido por Laura Pérez
En un momento habla de su infancia en la escuela, en plena dictadura. Cuenta que, además de cantar el Cara al sol (dato que ha retumbado en el interior de mi mente), también cantaban otras canciones. Canciones que muchas veces no gustaban al régimen.
Pero no todo son recuerdos idealizados por la nostalgia. También habla de la violencia, el machismo y el abuso normalizado de aquella época. Cuenta cómo el director de su colegio, Don Antonio, castigaba de maneras distintas: a las niñas les azotaba en el culo y a los niños en la cara. Lo cuenta casi con normalidad, pero deja caer una frase inquietante: parece que aquel hombre disfrutaba haciéndolo. Esto ha revuelto mis entrañas hasta lo más profundo, fundiéndose con mis pensamientos y dejando un tono amargo en mi boca.
En otro momento ha leído una frase que dice que España era “un burro sin memoria”. Ha parado de leer, ha levantado la cabeza, se ha hecho un silencio sepulcral, ha levantado la vista y ha dicho: “igualito que ahora”. Esto me ha hecho reflexionar en cómo muchos jóvenes de hoy en día dicen que viva Franco, pero no tienen memoria para ver lo que antes pasaba. O que no han abierto un libro de historia en su vida.
Otro dato que me ha parecido casi perturbador es que cosas tan simples como besarse estaban vigiladas. Recuerda que una vez, estando sentado en el parque Azorín con una amiga sentada en sus rodillas, les pusieron una multa de cien pesetas. Parece algo absurdo visto desde hoy, pero explica bastante bien el ambiente de control que se vivía.
También ha hablado de lo que significaba cantar en aquella época. No era simplemente subir a un escenario. Había censura para grabar canciones, censura para que sonaran en la radio (cuenta incluso que a veces les rayaban físicamente los discos para evitar que se escuchasen) y censura para cantarlas en público. Tres filtros distintos para controlar lo que se podía decir. Para cerrar mentes. Para que la censura actuase como opio, adormeciendo al pueblo, sin capacidad de pensar o discutir.
Por eso dice algo que me parece muy interesante acerca de los que se atrevían a componer: que ellos no eran solo cantautores. Eran militantes de la música. Su objetivo no era solo hacer canciones bonitas, sino intentar cambiar la realidad social, despertar pensamiento crítico y abrir un poco la mente de la gente. Muchas veces desde metáforas, para esquivar a la censura.
También habla del presente. Comenta que, en cierto modo, los raperos de hoy son los nuevos cantautores. Son quienes están contando lo que pasa ahora mismo. Y aunque reconoce que en la música caben todas las ideologías (incluso algunas con las que él no está de acuerdo), defiende que esa diversidad también forma parte de la libertad. En esto no estoy de acuerdo, debido a que el rap nació como un movimiento de denuncia social, no para hablar sobre valores conservadores. Entiendo que la diversidad hace la libertad, pero ese rap no se puede catalogar como tal, sino como otra cosa, pero no como rap.
Salgo de la charla con una sensación curiosa. A veces el término cantautor parece estar en el pasado. Pero, escuchándolo, me da la impresión de que su idea sigue bastante viva. La música también puede ser una forma de crítica y de conversación con la sociedad, idea que reivindico numerosas veces en mi vida y en mi blog.
Quizá por eso sus canciones siguen teniendo sentido hoy. Porque cuando la memoria se pierde, cuando empezamos a repetir frases vacías sobre un pasado que no hemos vivido ni comprendido, la música vuelve a recordarnos dónde estamos y de dónde venimos. Y entonces resuena una de esas frases que se quedan clavadas en la cabeza, como una advertencia sencilla pero contundente: “soy lo que fuimos ayer, soy lo que está por venir”. Tal vez de eso se trata al final: de no olvidar, para que lo que esté por venir no cometa los errores de lo que fuimos.
![]() |
| Imagen cedida por Laura Muñoz |


.png)
Me ha gustado mucho tu trabajo, Irene. Transmite de manera muy clara la importancia de la memoria histórica y cómo la música puede ser una herramienta de crítica social. Además, logras conectar el pasado con el presente de forma muy reflexiva. Es un texto que invita a pensar y a no olvidar lo que fuimos. Un saludo!!!
ResponderEliminarMuchas gracias por comentar Sonia! Me alegro de que te haya gustado mi trabajo
Eliminar