Poner luz en la oscuridad
El True Crime forma parte de mi vida casi como un hobbie obsesivo. El otro día, indagando en HBO Max, me encontré de frente con el documental Yo fui un asesino.
El documental reconstruye un crimen muy controversial en España. Relata el caso de José Rabadán, más conocido como "el asesino de la catana". Este asesinó a sus padres y a su hermana menor, la cual padecía síndrome de Down, con una catana, con tan solo 16 años y sin un motivo aparente.
El documental reconstruye un crimen muy controversial en España. Relata el caso de José Rabadán, más conocido como "el asesino de la catana". Este asesinó a sus padres y a su hermana menor, la cual padecía síndrome de Down, con una catana, con tan solo 16 años y sin un motivo aparente.
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| Imagen generada con inteligencia artificial (Chat GPT, Open AI) |
La cuestión es que yo pensaba que este era un documental normal, pero conforme he ido viéndolo, la incomodidad en mi cuerpo ha ido aumentando. Es un documental que me ha hecho reflexionar y creo que, para todos vosotros, futuros educadores, puede ser muy enriquecedor.
El guion no se centra únicamente en el momento del crimen, sino también en el contexto que rodeaba a José Rabadán: su entorno familiar, las circunstancias sociales y el recorrido posterior dentro del sistema de justicia juvenil. Esta persona se ha reinsertado en la sociedad de una forma casi increíble. Después de unos meses en prisión, aún siendo menor de edad, pasó a vivir en un centro de menores. Después comenzó de nuevo su vida, muy cerca de la religión católica y formó una familia.
Esta historia nos sitúa frente a una realidad que muchas veces preferimos ignorar: la reinserción existe y debemos construirla . En el imaginario colectivo, cuando alguien comete un delito grave solemos pensar que la única respuesta posible es el castigo, el encierro en instituciones totales, donde creemos conseguir una reinserción que, en muchas ocasiones, acaba ocasionando la exclusión completa de la persona. Pero el documental nos recuerda que detrás de cada delito hay una persona, una historia y, muchas veces, una infancia marcada por violencia o abandono.
Con esto no quiero justificar el daño causado, en absoluto. El dolor provocado por esta persona es irreparable y las consecuencias para alguien que realiza un mal acto siempre deben existir. Ese es el primer paso para la educación. El castigo no debe ser, como nosotros creemos, el final del camino (el encierro de por vida) , sino una parte de este, una parte que lleve hacia la reinserción. Una sociedad que solo castiga y no educa está renunciando a su propia capacidad de transformación.
Quiero rescatar una frase dicha en el documental por parte del psicólogo Javier Urra hacia José Rabadán:
"Tiene que cumplir la sanción, la sanción es parte de la educación. Tiene que convivir con el dolor de lo que hizo, que es irreversible. Pero tenemos que dar una opción y una esperanza, porque si la sociedad no puede creer que puede rehabilitar a un menor, entonces cerremoslo todo."
Estas palabras reflejan con claridad el espíritu que debemos tener los educadores sociales.
Este documental me deja con una doble visión y un lío e incomodidad enorme dentro de mis pensamientos. Por un lado, creo que todo el mundo que comete delitos graves debería tener la oportunidad de reinserción. Pero, por otro lado, pienso en aquellos que han sufrido, en quienes sienten sed de venganza o incluso en aquellos que deben vivir al lado de una persona reinsertada. ¿No vivirán con el miedo de que algo como eso pueda volver a ocurrir?
Me gustaría saber vuestras opiniones acerca de este tema. Espero que, como bien dice uno de mis periodistas favoritos, Carles Porta, en su serie de Netflix Crims, me ayudéis a poner luz en la oscuridad.


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