Y dicen por la tele que han muerto más mujeres y que han sido ellos

El 8 de marzo se celebra el Día de la Mujer. A mi forma de ver, este término debería replantearse. El Día de la Mujer no es un día para celebrar, sino para reivindicar aquello que todavía falta y para recordar a las que ya no pueden luchar con nosotras. Por eso he querido crear una imagen: para reivindicar este día y mostrar aquello en lo que aún debemos trabajar.

Imagen propia

En esta fotografía, capturada en casa junto a mi hermana, ella levanta el brazo frente a la ventana. La luz natural entra suavemente e ilumina la escena. Bajo su axila hemos colocado hierba real. He querido unir dos cosas que amo: la fotografía y la naturaleza.

Ese gesto sencillo transforma la imagen en símbolo. La hierba representa lo natural, aquello que crece sin pedir permiso, que existe sin justificarse. Sin embargo, cuando lo natural aparece en el cuerpo de una mujer, se vuelve incómodo, señalado, corregido. Lo que en otros cuerpos pasa desapercibido, en el nuestro se juzga.

Esta acción habla del control constante sobre nuestros cuerpos, de las normas impuestas sobre cómo debemos vernos, movernos o mostrarnos. Habla de la presión por encajar, por suavizar, por ocultar lo que somos para no incomodar.

El 8 de marzo no es solo una fecha para celebrar lo conseguido, sino para mirar de frente aquello que todavía duele. Mientras nuestros cuerpos sigan siendo territorio de debate y exigencia, el 8 de marzo seguirá siendo necesario.

                               Vídeo propio




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