Agila

Agila. Del castúo: espabila, date prisa, muévete. Una palabra breve, pero cargada de intención. Una palabra que sacude. Que despierta. Que exige acción.

Agila debería estar grabada en nuestra mente como un recordatorio constante de que no podemos permanecer inmóviles. Porque espabilar no es solo levantarse temprano o reaccionar rápido sino que es tomar conciencia, posicionarse, actuar frente a las desigualdades, frente a aquello que sabemos que no es justo.

 Vivimos en un mundo que avanza sin esperar a nadie, y, sin embargo, muchas veces nos quedamos quietos. No participamos. No nos formamos. No cuestionamos. Nos limitamos a observar desde la distancia, como si la realidad no nos perteneciera.
Soy fiel creyente de que las personas que viven sin satisfacción es porque no participan en su sociedad, porque no se implican en ella, porque no la sienten como propia.
Por todo esto, busco participar en todo lo que puedo, llenándome de satisfacción personal y conociéndome en el proceso. Y este fin de semana he vivido una de esas experiencias que reafirman esa necesidad de acción.  
He participado, junto con dos de mis compañeras (aquí adjunto sus blogs: Marina y Laura), en las Jornadas de Cooperación y Participación de la UEx. 

Imagen cedida por Marina

Han sido días intensos, repletos de talleres sobre oratoria, legislatura y creación de actividades. Espacios pensados no solo para aprender, sino para tomar conciencia de nuestro papel dentro de la comunidad universitaria y social.
De todos ellos, hubo uno que me interesó especialmente, por su conexión directa con la Educación Social: el taller sobre igualdad, impartido por Lucía Sánchez, estudiante de Psicología en la UEx. 

Este taller fue bastante extenso, por eso os voy a resumir una dinámica que llevó a cabo y algunos de los conceptos abordados que me parecieron más importantes.

La dinámica fue sencilla pero muy potente, cada persona llevaba un papel en la cabeza con una etiqueta que no podía ver. El concepto me recordó al juego quién es quién. 
En cada papel ponía cosas como, impaciente, generoso, háblame alagando solo mi cuerpo... A partir de ahí, el resto del grupo interactuaba con cada persona tratándola según lo que ponía en ese papel. Algunas etiquetas eran claramente negativas y otras positivas, pero igualmente limitaban a la persona.
Después de esto se llevó a cabo una reflexión sobre el poder de las etiquetas y cómo influyen en nuestra identidad. 
 Lucía habló de la reestructuración cognitiva, de cómo acabamos creyendo lo que nos dicen inconscientemente, incluso cuando esas palabras no nos definen realmente. También reflexionamos sobre que las etiquetas no solo afectan a la persona individual, sino que también construyen comunidad y condicionan las relaciones interpersonales.

También se abordó el concepto de sexismo hostil. Término del cuál hablamos en la asignatura de sociología y que hace referencia a situaciones en las que le hombre debe cuidar todo el rato a la mujer por creerla inferior, aunque esto sea inconscientemente. Aquí tuvimos que hacer un ejercicio de reflexión personal ya que este tipo de sexismo está muy normalizado y en ocasiones lo tenemos interiorizado. 

Además, aprendí términos con los que me sentí muy identificada pero que no conocía. Uno de estos términos es el de las relaciones líquidas. Esto habla de cómo cada vez más, se muestran en la relaciones falta de compromiso y gran inmediatez debido a la excesiva y constante necesidad de dopamina.
Otro término que aprendí fue el de las relaciones parasociales. Estas ocurren cuando una persona siente un fuerte vínculo con personas que no conocen como influencers o incluso con las inteligencias artificiales.

Salí de este taller con una idea muy clara.  
Espabilar no es moverse hacia fuera, sino revisar lo que llevamos dentro. No es solo actuar, sino cuestionarse, revisar lo aprendido, desaprender lo impuesto, decidiendo conscientemente quién queremos ser dentro de nuestra sociedad.

Agila antes de que te impongan una vida que no te pertenece.











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